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El enclave natural de nuestro jardín

16, enero | Un poco de Historia | Sin comentarios
Jardin de la Finca San Agustín

En la antigua Mesopotamia y Egipto se proyectaban jardines sólo para el disfrute visual, inspirados por la presencia de vida vegetal junto a la serenidad de las plantas y especies florales más llamativas. Y es que desde el principio de la civilización ha existido la atracción por la intimidad de los recintos cerrados, donde lo cultivado no fueran alimentos, sino sensaciones para el despertar de los sentidos. Tanto los persas como los griegos o romanos disfrutaron de los jardines, pero destacan los musulmanes -especialmente en todo Al-Ándalus- quienes construyeron recintos cerrados al exterior para lograr una intimidad especial. Seguramente los jardines no difieran ahora demasiado de su utilización de antaño: lugares de ocio donde prima el valor estético de la composición vegetal, aunque a veces también pueden estar acompañado de fuentes de agua decoradas, estanques, bancos...

Para disfrutar de este privilegio no hay que irse muy lejos de la Finca de San Agustín. Solo con poner un pie fuera de la casa, los visitantes encontrarán un jardín por el que pasear, apreciando las especies de plantas y árboles, y sintiendo que forman parte de la serenidad del entorno. El jardín –compuesto principalmente romero, lavanda y lantana, así como algunas plantas autóctonas como la pebrella (Sierra de Mariola) o la herbasana (típica de territorios mediterráneos)-, respeta su entorno natural sin introducir especies invasivas y hace un buen uso de la biodiversidad existente. En cuanto a los árboles, se pueden encontrar olivos y moreras, que no necesitan de excesiva agua.

Estas plantas necesitan cuidados que constituyen tareas diarias en el arte de la jardinería, como son el abonado, la poda, la limpieza de malas hierbas, el tratamiento de plagas... Pero, así como los campos que rodean la casa son de cultivo ecológico, también el cuidado del jardín está libre del uso de plaguicidas y abonos químicos artificiales, utilizándose sobre todo alimentos orgánicos. Las plantas y árboles de la zona logran sobrevivir sin este tipo de productos fabricados, ya que tienen mucha resistencia a parásitos y enfermedades por su adaptación al medio que les rodea y a los depredadores naturales que viven en ellas. No faltan tampoco otras características necesarias, como un sistema de recogida de aguas pluviales y el riego tanto por goteo como desde el propio pozo.

Como en todo jardín, es también fundamental la buena disposición: un diseño estudiado y equilibrado a la vista y una decoración acorde con la zona. En el jardín de San Agustín destacan especialmente los pintorescos bancos hechos con materiales reciclados de madera y la distribución de iluminación alrededor de toda la zona con farolas solares de pie y de pared. Se usa además gravilla para tapizar los senderos, que tiene la ventaja de ser un material natural que permite la filtración del agua de lluvia, en contraste con otros como el asfalto o el cemento.

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